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jueves, 7 de octubre de 2010

Arquitectura nazi: Germania; la utopía de Hitler y Speer





Welthauptstadt Germania o "capital del mundo" era el nombre que Adolf Hitler dio a la renovación urbana y arquitectónica prevista para Berlín como parte de su visión para el futuro de un Gran Reich Alemán. Albert Speer, Arquitecto en Jefe del Tercer Reich, diseñó   muchos de los planes para reconstruir y renovar la ciudad capital del Reich de los cuales sólo unos pocos se hicieron realidad. Algunos proyectos tuvieron éxito, tales como la creación de un gran eje que dividía la ciudad capital y la relocalización de la Siegessäule o Columna de la Victoria lejos del Reichstag donde se encontraba originalmente.
Hitler y Speer

Una de las pocas edificaciones que se llegaron a materializar fue la construcción de un estadio diseñado para los Juegos Olímpicos de verano de 1936, pues casi ningún otro proyecto previsto para Germania se construyó. Berlín iba a ser reorganizada a lo largo de una avenida central de tres millas de largo. En el extremo norte, Speer diseñó y tenía previsto construir un enorme edificio con cúpula, basado en la Basílica de San Pedro en Roma. En términos arquitectónicos, la cúpula del edificio de más de setecientos metros de altura y ochocientos metros de diámetro habría sido demasiado grande, ya que su tamaño superaba dieciséis veces la cúpula de la Basílica de San Pedro.

El extremo sur de la avenida sería dominada por un arco basado en el Arco del Triunfo de París, pero de igual manera, mucho más grande que su precursor, ya que era de casi cuatrocientos metros de altura, por lo que permitía teóricamente la cabida del arco parisino dentro de su apertura. El estallido de la guerra en 1939 ocasionó el aplazamiento de la construcción hasta después de la guerra, para evitar problemas de falta de materiales.
Arco del triunfo del Fuhrer

Toda la parte norte de lo que se convertiría en la Plaza de Große fue ocupado por el Volkshalle o Salón del Pueblo. Este edificio, que era verdaderamente enorme y cuyo significado no ha sido completamente apreciado, había sido inspirado, de acuerdo con Albert Speer, en el Panteón de Adriano, estructura que Hitler visitó en privado el 7 de mayo de 1938. Pero el interés del Fuhrer y su admiración por el Panteón era anterior a esta visita, ya que en el 1925, mientras todavía no había alcanzado el poder político absoluto, Hitler había creado dibujos conceptuales del Volkshalle.
Germania

De hecho, se conocen unas expresiones de Hitler hechas durante el invierno de 1939-40 indicativas de la admiración que el Fuhrer sentía por el Panteón.  

El boceto del Volkshalle propuesto por Hitler a Speer muestra la entrada al salón tradicional a dos aguas con el apoyo de diez columnas.

El Volkshalle de Speer debía ser el edificio más importante e impresionante de la capital en términos de tamaño y el simbolismo. Visualmente, el Salón del Pueblo estaba destinado a ser la obra maestra de la arquitectura de Berlín como la capital mundial. Sus dimensiones eran tan grandes que hubieran empequeñecido toda  otra estructura en Berlín, incluyendo las edificaciones del eje norte-sur.
Maqueta del arco

El óculo o apertura de la cúpula del edificio, de 46 metros de diámetro, hubiera acomodado toda la rotonda del Panteón de Adriano y la cúpula de la Basílica de San Pedro. La cúpula de la Volkshalle estaba diseñada para descansar en un masivo podio de granito de 315 por 315 metros y 74 metros de altura, para una altura  total de 290 metros. El diámetro de la cúpula, de 250 metros, iba a ser superado por 15 metros, para gran disgusto de Speer, por el  domo de la nueva estación de tren diseñada por el arquitecto Giesler para Munich.

El parecido de la Volkshalle al Panteón es mucho más evidente cuando se comparan sus interiores. El nicho de gran tamaño (50 metros de altura por 28 metros de ancho) en el extremo norte del Salón del Pueblo iba a ser cubierto con mosaicos de oro. También se pensaba colocar un águila de 24 metros de altura, bajo la cual estaba situada la tribuna de Hitler. Desde ese majestuoso podio, el Fuhrer se dirigiría a 180,000 oyentes, algunos de pie en el escenario central redondo y otros sentados en tres niveles concéntricos coronados por cien columnas de mármol de 24 metros de altura. 
Comandancia del Ejército Alemán

Los tres niveles concéntricos de asientos rodeaban una pista circular de 140 metros de diámetro, que se asemeja a la disposición de los asientos en el Congreso Ludwig Ruff del Salón de Nuremberg, cuya inspiración se atribuye al Coliseo Romano (Anfiteatro de Flavio).

Las aspiraciones de Hitler de dominar el mundo, que ya eran evidentes desde la construcción y en los detalles arquitectónicos y decorativos de la nueva Cancillería del Reich, son más claramente expresadas en el Salón del Pueblo que en ningún otro edificio. Los símbolos externos sugieren que la sala abovedada era donde Hitler, como líder del mundo, planificaba dirigirse a su pueblo y a los delegados de las naciones conquistadas, quienes se esperaba que visitaran Berlín para rendir tributo al lider del Reich una vez al año. Interesantemente, las garras del águila estatal colocada en el tope del domo descansaban no en la típica swastica, sino en una escultura del globo terráqueo, en evidente simbolismo del poder absoluto del Estado alemán.
Interior del domo

Esta combinación de águila y el mundo era bien conocida en la iconografía imperial romana. Por ejemplo, la estatua del Emperador Claudio sostenía una esfera y un águila en su mano derecha. La cúpula inmensa del Salón del Pueblo representaba simbólicamente la bóveda del cielo que abarcaba el imperio de Hitler. El globo mundial sobre la cúpula estaba amplificado por dos monumentales  esculturas de Arno Breker, cada una de 15 metros de altura, que flanqueaban la fachada norte del edificio. En el extremo oeste, se observaba al titán Atlas apoyando los cielos sobre sí y en el extremo este, se distinguía la diosa Tellus sosteniendo la Tierra. Ambas figuras mitológicas habían sido, de acuerdo a Speer, elegidas por el propio Hitler. Según Speer, Hitler creía que a medida que pasaran los siglos, su enorme cúpula adquiriría una importancia tal que sería convertida en un santuario sagrado tan importante para el nacionalsocialismo como San Pedro en Roma es para el catolicismo romano. 

En su obra autobiográfica “Desde el interior del Tercer Reich”, Albert Speer se expresó ampliamente sobre los edificios del Bulevar Adolf Hitler.
Germania

Según el propio Speer, los edificios que fueron destinados para enmarcar el Adolf Hitler Platz quedarían bajo la sombra del gran salón abovedado, cuyo volumen era cincuenta veces mayor que el edificio del Reichstag. El efecto más significativo de la naturaleza colosal de la arquitectura de la capital hubiera sido, conforme la opinión del arquitecto, la denigración del ser humano, que hubiera parecido insignificante y fuera de proporción ante semejantes estructuras. El diseño del salón era una realidad ya para el verano de 1936. El 20 de abril de 1937, día del cumpleaños del Fuhrer, se le entregaron los planos y un primer modelo de la construcción. Más adelante, otros modelos parciales fueron preparados a partir de los planos y en 1939 se creó un modelo detallado de madera del exterior de la edificación de unos tres metros de alto y otro modelo del interior.
Detalle de las esculturas del
Salón del Pueblo

Lo cierto es que la estructura estaba destinada a ser el salón más grande jamás concebido hasta ese momento, que incluía una gran sala que podía albergar entre ciento cincuenta y ciento ochenta mil personas. A pesar de la actitud negativa de Hitler hacia Himmler y las nociones místicas de Rosenberg, el edificio era esencialmente un lugar de culto. La idea era que a lo largo de los siglos el Salón del Pueblo adquiriría por tradición una importancia similar a la que la Basílica de San Pedro en Roma tiene para la cristiandad católica.

El interior de la inconcebible estructura era redondo, de un diámetro casi imposible de ochocientos veinticinco metros. La enorme cúpula iba a comenzar su curva ligeramente parabólica a una altura de trescientos veinte pies. El volumen de esta estructura ascendía a casi 27.5 millones de yardas cúbicas. En comparación, la capital de EU en Washington, DC, se hubiera acomodado muchas veces en esta masa.
Germania

Sin embargo, Speer asegura que el salón no era un proyecto descabellado imposible de ejecutar. De hecho, el arquitecto y su equipo de trabajo ya habían planificando los pormenores de esta obra seriamente. Ya en 1939 los edificios antiguos ubicados en los alrededores del Reichstag fueron arrasados para hacer sitio al Salón del Pueblo y los demás edificios que iban a rodear el futuro Adolf Hitler Platz. Las características del suelo estaban sido estudiadas, los planos detallados se prepararon y varios modelos fueron construidos. Millones de marcos se gastaron en granito para el exterior, no limitándose las compras a Alemania, sino que a pesar de la escasez de divisas, Hitler había autorizado pedidos a canteras en el sur de Suecia y Finlandia.
Germania

Como todos los otros edificios a lo largo del gran Bulevar de Hitler, el Salón del Pueblo estaba previsto para terminarse en once años, en 1950. Por razón de que la construcción del salón se tardaría más que todas las demás estructuras, la piedra angular ceremonial se iba a colocar en el 1940.

Técnicamente, no había ningún problema especial en la construcción de una cúpula de más de ochocientos pies de diámetro. De hecho, los puentes de los años treinta ya se edificaban con dimensiones similares utilizando acero u hormigón armado. Inclusive, los principales ingenieros alemanes habían calculado que sería posible construir una bóveda masiva con esas dimensiones.
Salón del Pueblo

Hitler estaba obsesionado con la idea del Salón del Pueblo y los demás edificios de Germania. Ya se habían elaborado los diseños de Welthauptstadt Germania cuando el Fuhrer se enteró de que la Unión Soviética estaba planificando un enorme edificio en Moscú para honrar la memoria de Lenin. Según Speer, esto irritó profundamente al dictador quien sentía que le querían robar la gloria de poder construir la estructura más monumental del mundo. Agravaba la situación el hecho de que Hitler sabía que no podía hacer a Stalin detener sus planes con un simple comando. Pero finalmente se consoló con la idea de que su edificio seguiría siendo único.
Hitler y su arquitecto

Lo cierto es que Hitler no era el único dictador con delirios de grandeza durante la primera mitad del siglo XX que intentó perpetuar su legado mediante construcciones masivas y duraderas. Prácticamente todos los estados totalitarios de los años 30’s hicieron lo mismo, en mayor o menor medida. Así, Stalin tuvo su Moscú; Mussolini tuvo su Roma y Hitler tuvo a Berlín.
Reich Chancellery

Cabe preguntarse, ¿Qué magnífica ciudad hubiera sido Welthauptstadt Germania? Obviamente detrás de la grandiosidad de las estructuras, nos enfrentamos a la triste realidad de que los medios para alcanzar las metas del estado nazi eran abominables.  Sin embargo, no se puede negar que la época representó un momento muy intenso y emocionante para un arquitecto o urbanista ambicioso, como el propio Albert Speer. De hecho, Speer nunca negó que la victoria del Reich en la WW2 le hubiera permitido convertirse en el más importante arquitecto de la historia. Es decir, él reconocía que su destino estaba atado al de Hitler.  

La planificación de ciudades constituidas por mega estructuras urbanas como la Welthauptstadt Germania, es una idea que probablemente nunca se repetirá. En este sentido, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría alteraron drásticamente la dirección y las tendencias de la construcción de ciudades en Europa. Definitivamente, la tendencia de la post-guerra ha favoreciendo utilidad y sentido práctico sobre la belleza y el diseño, en muchos casos.
Hitler inspeccionando una maqueta

Ironicamente, el llamado Salón del Pueblo era más bien un monumento por y para Hitler, quien deseaba más que nada una obra que proyectara la gloria teutónica de los mitos de antaño. Sin embargo, algunos piensan que la inimaginable magnitud de Germania era producto de una desacertada sensibilidad arquitectónica, o la total falta de ésta, y de una notable ausencia de armonía y balance, conceptos que no eran de gran importancia para el régimen nazi. Por supuesto, la otra cara de la moneda nos obliga a reflexionar sobre otras construcciones monumentales, como por ejemplo las Pirámides de Giza, que probablemente en su momento tambien parecieron obras innecesarias y fuera de proporción y hoy día son consideradas maravillas. 
   
Lo cierto es que al día de hoy subsiste, al menos en el papel, una idea distante producto de la megalomanía de un dictador, cuya magnitud no tenía precedente moderno, pero que estaba destinada a ser una utopía de los años 30’s y un recordatorio de un pasado alterno que afortunadamente nunca se materializó.

Para conocer más/Fuentes:


http://forum.skyscraperpage.com/showthread.php?t=141374

Inside the Third Reich, Albert Speer

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