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domingo, 26 de diciembre de 2010

Los diarios secretos de Hitler; El mayor fraude periodístico del siglo XX

Portada de Stern proclamando
el hallazgo de los diarios de Hitler
Habría sido sin duda el mayor evento histórico-periodístico del siglo XX. El hallazgo de sesenta y dos volúmenes escritos a mano por Adolf Hitler en la forma de un diario secreto. El potencial de este diario, de ser auténtico, era nada más y nada menos que convertirse en uno de los manuscritos más importantes en la historia. Der Stern Magazine pensó que tenía los derechos exclusivos sobre los diarios escritos por una de las mentes más enigmáticas de todos los tiempos. En cambio, pagó millones de dólares por un engaño.

En el otoño de 1979 un periodista investigador de la revista alemana Der Stern llamado Gerd Heidemann, fue invitado a la casa de un hombre llamado Fritz Stiefel, quien era coleccionista de memorabilia nazi. Stiefel tenía pinturas y cartas creadas por Hitler en una vitrina de cristal, tal y como si estuviesen en una exhibición de museo. Heidemann, un entusiasta de la historia del NSDAP, estudió cada uno de los artículos de la colección con sumo cuidado e interés. Finalmente se percató de la existencia de un libro de carátula negra que le llamaba la atención. Cuando preguntó al respecto, Stiefel le dijo que se trataba de un diario secreto escrito por Hitler. Uno de supuestamente seis volúmenes.
Gerd Heidemann 
Heidemann se sorprendió. Él había estado fascinado por la vida de Hitler durante años, pero nunca había escuchado que el Fuhrer hubiera escrito un diario. El proceso de pensamiento interno del líder nazi había sido siempre un misterio, incluso para otros miembros destacados del Tercer Reich. Un diario auténtico sería una herramienta inigualable que le permitiría a los historiadores conocer el pensamiento de un hombre cuyas acciones cambiaron la faz del mundo. Heidemann concluyó que si los diarios eran auténticos y si podía conseguirlos, se convertiría en protagonista del mayor evento periodístico de la historia. Para comprar los diarios, Heidemann tenía que contar con el respaldo económico de la revista Stern. Evidentemente, antes de recibir o pagar un centavo por la obra, era necesario corroborar que los diarios eran auténticos.

Uno de los primeros pasos de Heidemenn fue tratar de determinar cómo el volumen de Stiefel había llegado a las manos del coleccionista. Stiefel le había dicho que el diario se encontraba a bordo de un avión que transportaba algunos de los efectos personales del Führer y que dicha aeronave se había estrellado en el pueblo de Boernersdorf al final de la guerra. Con esta pieza de información, Heidemann viajó a Boernersdorf para confirmar la historia. Allí se encontró que, efectivamente, se había producido un accidente de aviación en abril de 1945. Los registros indicaban que un Junkers 352 de transporte se estrelló llevando algunos de los efectos personales de Hitler. Alegadamente, cuando Hitler se enteró de la caída del avión declaró: "Ese avión transportaba todos mis archivos privados, los que estaban destinados a ser un testimonio para la posteridad. Es una catástrofe!"

Heidemann también se enteró que una caja de papeles había sido supuestamente recuperada de los restos del avión y que entre esos documentos se encontraban los diarios. También conoció que había más de 27 volúmenes de los diarios en manos de un hombre llamado Konrad Fischer.

Con esta información, Heidemann presentó una propuesta a sus jefes en Stern para la compra de los diarios. La revista expresó interés, al extremo de ofrecer hasta 2 millones de marcos (unos $800.000) para obtener los volúmenes. Con el apoyo financiero de Stern, Heidemann inició la búsqueda de Fischer. Fischer resultó ser difícil de encontrar. Finalmente, Heidemann entró en contacto con él a través de intermediarios. Fischer parecía reacio a vender los diarios, pero la cantidad de dinero ofrecido lo convenció. De todas maneras, Fisher accedió al negocio con la condición de que su identidad se mantuviera en secreto.
Konrad Kujau
El primer diario fue entregado en las oficinas de redacción de Stern en enero de 1981. Sorprendentemente los diarios continuaron apareciendo. Heidemann le dijo a sus jefes que después del accidente de avión los diarios habían llegado a manos de un general de Alemania del Este y fueron sacados como contrabando fuera del país, uno por uno, supuestamente en el interior de un piano. Con cada nuevo volumen Stern pagó más dinero, bajo la premisa de que ganaría mucho más con la reventa de la historia a otros medios de comunicación. El recuento final fue de 62 volúmenes (que abarcaban el período de 1932 a 1945) por los que Stern pagó 9.9 millones de marcos (casi $4.000.000 de dólares).

Antes de que Stern pudiera revender la historia necesitaba asegurarse de que los diarios eran auténticos. Para ello se contrató a varios peritos calígrafos con la pericia necesaria para comparar los diarios con las copias del material encontrado por Heidemann en el Archivo Federal Alemán en Koblenz. Sin duda alguna, la letra era idéntica y el entusiasmo de los editores de Stern en el proyecto se elevó, por lo que se cegaron a la necesidad de utilizar controles de autenticación adicionales.

El 25 de abril de 1983, la revista Stern reveló la historia. La portada, que muestra uno de los volúmenes encuadernados en negro, proclamó "Tagebücher Entdeckt Hitler" o "Diario de Hitler Descubierto." Los medios de comunicación de todo el mundo divulgaron el titular. Newsweek, ParisMatch, el Sunday Times de Londres y otros periódicos importantes formularon ofertas para obtener los derechos de reproducir la totalidad o parte de los diarios. Stern se preparó para hacer una fortuna con los derechos de reimpresión.
Uno de los volúmenes falsificados 

El contenido en sí de los diarios fue una sorpresa. Si uno fuera a creer en los mismos, Hitler era un hombre mucho más afable que lo que la historia convencional refleja. De hecho, ciertas entradas del diario afirmaban que el Fuhrer tenía poco conocimiento de lo que estaba sucediendo en los campos de concentración europeos. Otras entradas parecían ser evidencia del deseo de Hitler de expulsar a los Judíos a otros países en lugar de condenarlos a muerte.

Incluso, antes de que los escépticos pudieron examinar el material, se habían expresado dudas sobre la autenticidad de los diarios. Los historiadores familiarizados con la figura histórica de Hitler señalaron que él odiaba escribir y que ninguno de sus más íntimos conocidos en la organización nazi, incluyendo a su secretaria, pensaban que el Fuhrer había mantenido un diario secreto. Cuando los críticos tuvieron la oportunidad de ver el material las objeciones a su autenticidad incrementaron. El historiador David Irving señaló que los eventos registrados en los diarios no correspondían a eventos históricos conocidos. Adicionalmente, Irving cuestionó el que los materiales de los diarios parecían ser demasiado modernos para la época. Lo más perjudicial de todo fue la afirmación de los expertos de que la supuesta escritura de Hitler no se parecía a las muestras de escritura conocidas hasta ese entonces, sobre todo porque la escritura había sido el elemento más importante del proceso de autenticación de Stern.

Ante esta situación, los Archivos Federales de Alemania del Oeste decidieron involucrarse y ejecutar varias pruebas científicas sobre los volúmenes. El 6 de mayo de 1983, se publicaron sus conclusiones. El papel, la tinta y el pegamento de los diarios fue fabricado, sin duda, después del final de la Segunda Guerra Mundial y la muerte de Hitler. O sea que, los volúmenes por los cuales Stern había pagado millones de dólares eran falsificaciones sin valor.

Stern se dio cuenta de que había sido engañado y comenzaron a rodar cabezas. Varios miembros de su personal, incluyendo a Heidemann, fueron despedidos. Además, el fundador de Stern, Henri Nannen, presentó cargos de fraude contra Heidemann días más tarde y la policía comenzó a investigar. Pronto se hizo claro que Heidemann no había creado los diarios. Heidemann delató a Fischer y la investigación pronto se centró en él. La policía descubrió pronto que el verdadero nombre de Fischer era Konrad Kujau.
Firma de AH autentica

Firma de AH falsificada por Kujau

Kujau era un delincuente de poca monta que se especializaba en la falsificación. Había iniciado su carrera delictiva añadiendo el nombre de importantes figuras del NSDAP a artículos legítimos históricos para aumentar su valor. Más tarde empezó a falsificar obras completas incluyendo cartas, documentos, pinturas y dibujos, incluso documentos y obras supuestamente realizadas por Hitler. En un libro de 1983 publicado por Billy Price titulado “Adolf Hitler: el Artista Desconocido” una cuarta parte de las obras fotografiadas eran en realidad falsificaciones de Kujau.

La falsificación prolífica de Kujau permitió resolver el misterio de cómo los expertos en escritura a mano de Stern habían sido engañados. Cuando se comparó la escritura a mano en los diarios con la escritura de las cartas de Hitler, resultó obvio que eran idénticas, debido a que las cartas que habían utilizado para la comparación resultaron ser falsificaciones anteriores de Kujau, por lo que no eran en realidad cartas escritas por Hitler.

Kujau, Heidemann y la esposa de Kujau, Edith, fueron procesados criminalmente. Kujau expresó en su defensa que Heidemann estaba completamente consciente de que los documentos eran falsos, pero que de todos modos los compró pagando 1 millón de marcos. Heidemann afirmó que no sabía que eran falsos, pero admitió que había considerado la posibilidad de algunas discrepancias históricas. Kujau y Heidemann fueron condenados a cuatro años y medio de prisión y Edith recibió una sentencia de ocho meses. El juez declaró que, si bien sólo había tres acusados, la empresa editorial de Stern debió ser el cuarto. Stern dijo que había "actuado con tal ingenuidad y negligencia que era prácticamente un cómplice en el fraude."
David Irving

Nunca se supo lo sucedido a la mayor parte del dinero pagado por Stern. Según Kujau, Heidemann se apropió de la mayoría de los pagos realizados por Stern antes de pagarle a él. Es evidente que tanto Kajau como Heidemann mejoraron su estilo de vida sustancialmente a consecuencia del fraude. La mayor parte del dinero nunca llegó de nuevo en manos de Stern.

¿Pudo realmente Stern evitar la pérdida de millones de dólares?; ¿Pudo evitar el daño de su reputación internacional? Parece claro en retrospectiva que la editorial pudo haber encontrado la verdad si hubiera sometido a los diarios a una pocas pruebas científicas. El examen de los libros demostró que contenían blanqueadores y químicos fabricados de la década de 1950 en adelante. Las pruebas químicas revelaron que la tinta era moderna y sólo recientemente aplicada al papel.

Una lectura cuidadosa del texto también reveló inexactitudes históricas que debieron levantar sospechas. Gran parte del material creado por Kujau fue plagiado, a su vez, de un libro titulado “Discursos de Hitler y Proclamas” escritos por Max Domarus. Esto también debió haber planteado una bandera roja para cualquier persona que tratara de autenticar los diarios.

Según el Juez del caso, los propietarios y editores de Der Stern eran tan culpables como Kujau y Heidemann, por razón de su ciega creencia en que habrían de publicar al mundo la historia de los diarios de Hitler, en evidente ventaja sobre los demás medios, y con el propósito de hacer una fortuna en el proceso.

Para conocer más/Fuentes:


The Hitler Diaries, a Notorious Case of Forgery, The Crime Library,(http://crimelibrary.com/criminal_mind/scams/hitler_diaries/index.htm), 2005.

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