King Tiger WSS

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jueves, 10 de mayo de 2012

Halt Befehl y Dunkerque; el día que Alemania perdió la Segunda Guerra Mundial


General Gerd von Rundstedt
El 10 de mayo 1940 las fuerzas Panzer alemanas irrumpieron a través del bosque de las Ardenas en el cruce de las fronteras franco-belga-alemana y se dirigieron al Canal Inglés, rodeando durante el proceso a poco menos de medio millón de soldados aliados en el proceso, entre ellos las únicas unidades móviles del ejército francés y toda la Fuerza Expedicionaria Británica. Heinz Guderian, Comandante del Primer Cuerpo Panzer, estaba sólo a unos veinte kilómetros de distancia de la ultima oportunidad de escape cuando se le ordenó súbitamente que se detuviera. Las razones para la orden de detenerse han permanecido en la penumbra hasta la fecha, a pesar de que a Guderian se le informó que los alrededores de Dunkerque eran demasiado pantanosos para sus blindados, dato que él sabía que era simplemente falso, debido a sus visitas personales al frente. Cabe preguntarse, ¿Por qué se tomó la decisión de detenerse?; ¿Por qué esta decisión está rodeada de controversia hasta este día?

Muchos piensan que la orden de detención fue un gran error  y que las razones dadas para fundamentar la misma son solo excusas pensadas y esgrimidas con posterioridad a los hechos, cuyo propósito es servir de justificación para dicha orden. Lo cierto es que los británicos estuvieron muy cerca de un desastre de magnitud impensable. Con los ejércitos de Gran Bretaña destruidos o neutralizados sólo era cuestión de tiempo antes de que los británicos se vieran obligados a aceptar un acuerdo humillante y de rodillas, el cual le hubiera permitido a Hitler mantener la hegemonía sobre Europa.

II. Blitzkrieg y su aplicación en Francia

Iniciemos este análisis examinando la Batalla del Bolsillo de  Dunkerque para alcanzar su comprensión en el contexto de la campaña de la que formaba parte. A lo largo de los años que precedieron la Gran Guerra, el ejército alemán dedicó tiempo y recursos a la tarea de crear un plan que le permitiese lograr la victoria en la próxima guerra europea que inevitablemente habría de surgir. Fue el mejor soldado de Alemania, Heinz Guderian, el principal promotor de la idea de una guerra de movimiento, más tarde llamada Blitzkrieg, que había sido ignorada por los altos mandos de los ejércitos aliados. De hecho, Liddell Hart desarrolló  teorías similares a las de Guderian, las cuales fueron ignoradas por el Estado Mayor de Gran Bretaña. Guderian propuso que los nuevos blindados alemanes serían la solución al dilema estratégico de Alemania, que se había manifestado en la forma de las guerras prolongadas de desgaste. Según la teoría del Blitzkrieg, los tanques son agrupados en grandes unidades autosuficientes, las cuales se concentran en el punto decisivo de la batalla, llamado Schwerpunkt, donde se supone que superen las defensas del enemigo. En las palabras de Guderian "nicht Klotzen kleckern". Desde allí los blindados se mueven a la retaguardia del enemigo, neutralizando todos los centros administrativos, logísticos y de mando sin pasar por los puntos de resistencia del enemigo, los cuales quedan en manos de la infantería.

"La defensa de Dunkerque"
Las claves del Blitzkrieg, según Guderian lo imaginaba, eran la movilidad y la comunicación. La movilidad era esencial: el asalto debe cortar por las líneas enemigas frontales, y nunca se debe detener hasta que los ejércitos enemigos están en desorden y no tienen ninguna capacidad ofensiva significativa. El ingrediente final es el apoyo aéreo para proteger a los Panzers, facilitado por la comunicación entre los mandos terrestres y los aviones de apoyo.

La campaña alemana en el oeste se inició el 10 de mayo de 1940, con un ataque de distracción en Bélgica y los Países Bajos proveniente de las lentas fuerzas de infantería, que era una repetición del Plan Schlieffin que había resultado en un fracaso espectacular durante la Primera Guerra Mundial. Esto era exactamente lo que esperaban los aliados, por lo que la Fuerza Expedicionaria Británica y el Primer Ejército Francés, que eran los únicos elementos móviles de todos los ejércitos aliados en Francia, se trasladaron a Bélgica para enfrentar la amenaza percibida. Los Panzers alemanes surgieron de repente en el flanco aliado, flanqueando la Línea Maginot francesa, lo que desestabilizó las fuerzas aliadas en Bélgica, las cuales se dirigieron directamente a la costa, llegando el día 20, aislándose medio millón de tropas.

III. Contraataque en Arras y Repercusiones

No fue sino hasta el 22 de mayo que los británicos fueron capaces de organizar un contraataque. En este día unas cuantas docenas de tanques de infantería británicos (Mk I y II) encabezaron el ataque en la retaguardia de la 7ma División Panzer del General Erwin Rommel, ocasionando fuertes bajas. Rommel frenéticamente informó a Rundstedt que estaba siendo atacado por cientos de tanques y rápidamente se trasladó a contrarrestar la amenaza utilizando tanques y cañones antiaéreos, siendo esto una violación a la estricta teoría del Blitzkrieg. Bajo el mando directo de Rommel el asalto aliado fue repelido. Gerd von Rundstedt, Comandante del Grupo de Ejércitos A, considerado un conservador de la Primera Guerra Mundial, estaba muy desconcertado por el contraataque en Arras y, por temor a más ataques por los flancos, especialmente desde el sur, emitió un informe a Hitler notificando el suceso. Hitler, que estaba tan nervioso como Rundstedt, tomó esto muy en serio. Las acciones de Rundstedt iban a tener consecuencias incalculables sobre el comportamiento futuro de la campaña y en última instancia el resultado de la guerra.

III. Halt Befehl

Allá para el 23 de mayo, las tres divisiones Panzer del Panzerkorps de Guderian (1º, 2º y 10º) fueron derrotando la resistencia aliada en Boulogne y Calais, dos de los tres puertos restantes disponibles para una evacuación británica, y Guderian estaba preparando un asalto final para tomar el último punto posible de salida para los maltrechos ejércitos aliados en el Norte: Dunkerque. Los británicos recién habían terminado de combatir contra el Grupo de Ejércitos B de Von Bock, y Guderian estaba más cerca de Dunkerque que todo el ejército británico, y no había nada que se interpusiera en su camino. Temprano el día 24, Hitler se presentó en la sede de Von Rundstedt en un estado de colapso nervioso, exigiendo saber el pronóstico de Rundstedt sobre la amenaza para el flanco sur donde el grueso del ejército francés se mantuvo, y al menos sobre el papel, podría fácilmente abrumar al estrecho “Corredor Panzer" que separaba a la mayor parte de Francia de sus mejores ejércitos. Rundstedt pidió prudencia inmediata y sugirió a Hitler el cese del avance hacia Dunkerque, permitiendo que los Panzers disfrutaran de un día o dos de descanso y recuperación.
Guderian 
Hitler, plenamente de acuerdo, dejó la decisión en manos de Rundstedt, el general más conservador de la Wehrmacht.

Al final del día 24 de mayo, Guderian recibió un telegrama desde la sede de Rundstedt que decía: "Las divisiones blindadas deben permanecer al alcance de la artillería mediana desde Dunkerque. Solo se concede permiso para movimientos de reconocimiento y protección". Ante esto, Guderian se quedó estupefacto, pues no se le dieron las razones de la orden de detención. En principio, esta acción iba en contra de todo lo que él creía como pionero del Blitzkrieg, ya que se había perdido el momentum. Guderian continuó el avance de todos modos, tratando de cortar los aliados de la ciudad, pero a la mañana siguiente un nuevo telegrama llegó respaldado por la autoridad de Hitler diciendo que el avance no iba a continuar y ordenando el  retiro a las líneas del frente de la noche anterior. Es importante recordar que Guderian no sabía las razones de la detención y presumió que había algún otro plan del cual no estaba conciente. A pesar de los esfuerzos frenéticos de casi todos los oficiales de importancia en el ejército alemán para que la orden fuera anulada, no fue sino hasta la noche del 26 de mayo, finalmente, que Rundstedt autorizó la continuación del avance. En este espacio aparentemente corto de tiempo, los británicos habían construido un fuerte cordón defensivo que desafió todos los esfuerzos alemanes para penetrar a raíz de la derogación de la orden. No fue hasta el 4 de junio que los Panzers de Guderian llegaron al puerto desierto, justo a tiempo para ver como los franceses se embarcaban en un sinnúmero de destructores en dirección a Inglaterra, para luchar de nuevo otro día. Al final, 338,000 hombres fueron sacados de las playas de Dunkerque, un número realmente sorprendente.

En ese momento, la mayoría pudo identificar el "Milagro de Dunkerque", como los británicos rápidamente lo bautizaron, como una catástrofe para los alemanes. Más tarde, casi todos los generales alemanes de alguna manera catalogaban a Dunkerque como un desastre de primera magnitud para Alemania, situándose al nivel de Túnez, Stalingrado y Kursk, a pesar de que en el momento en que ocurrió se vio ensombrecido por la victoria contra Francia. La opinión popular apoya abrumadoramente la idea de que Hitler tomó la decisión por la única razón de que esperaba que sus conocidos sentimientos de benevolencia hacia el pueblo británico fueran reciprocados en la mesa de negociaciones. Sin embargo, y para la sorpresa de muchos, los historiadores que se oponen al "Halt Befehl" y los que lo apoyan están divididos casi por la mitad. Muchos de los que lo apoyan gozan de mucha credibilidad debido a que han estudiado el tema de manera mucho más amplia que la mayoría de los de la otra escuela de pensamiento. La pregunta obligada en esta etapa es: ¿Podría la creencia popular ser incorrecta y Hitler haber estado en lo correcto?
Evacuación de Dunkerque
IV. Los historiadores en favor de la "Halt Befehl"

El autor principal de la escuela en favor de la orden de cese es Len Deighton, quien ha escrito excelentes libros sobre la Batalla de Inglaterra, la teoría del Blitzkrieg, y las primeras campañas de la guerra. Es un escritor muy popular y considerado una autoridad en la caída de Francia. Deighton es de la creencia de que la orden de detención no fue un error y que era una orden perfectamente razonable cuando se consideran todos los factores relevantes, tales como el deber de preservar los tanques para las ofensivas más al sur y las marismas de Flandes. De hecho, los pantanos de Flandes es uno de los principales argumentos utilizados por muchos autores que suscriben este punto de vista. Dunkerque está en la misma región en donde ocurrió la infernal Batalla de Passchendaele, que tuvo lugar en 1917, la cual fue de tal magnitud que se dice que trenes enteros quedaron sumergidos en el lodo y los soldados se ahogaron en masa antes de llegar al frente. El propio Hitler había luchado en dicha batalla en 1917 y todavía tenía malos recuerdos de ella. De acuerdo con Deighton, Hitler tenía miedo de que los Panzers pudieran atascarse en el barro, ocasionando un gran número de bajas. A ello se debe el que sus recuerdos de Passchendaele se unieran a los puntos de vista conservadores de Rundstedt, con el consabido resultado que todos conocemos.

Otro escritor notable de esta opinión es Nicolás Harman, quien escribió un libro llamado “Dunkerque: El mito Patriótico”. Este autor afirma que Rundstedt es quien  únicamente tiene la culpa de la orden de detención, aunque en su opinión, esa era la decisión correcta. De hecho, él cree que los alemanes tuvieron la suerte de mantener a los aliados atrapados en Dunkerque, evitando fuertes pérdidas. En retrospectiva, dice Harman, es evidente que los alemanes pudieron haber avanzado, pero sufriendo fuertes bajas, las que pudieron poner en peligro la campaña en el sur de Francia. "Al final ganó la prudencia", dice, al referirse al choque de filosofías entre Rundstedt y Guderian. No obstante lo anterior, esta obra tiene algunos defectos evidentes y por lo tanto su fiabilidad es limitada.

Según estos autores, Hitler no podía arriesgar a sus preciados Panzers en las marismas de Flanders.

V. Los historiadores contra la "Halt Befehl"

Heinz Guderian fue el general a cargo de los Panzerkorps relegados a barrer la costa. En sus memorias, Guderian  escribe sobre sus experiencias y afirma con toda convicción que el avance debió haber continuado, teniendo en cuenta que absolutamente nada se interponía en su camino. Él estaba en el campo entre el 22 y el 23 de mayo y afirmó que los temores de Hitler y Rundstedt con respecto al lodo y los Panzers carecen de fundamento. Es importante tener en cuenta que esta es la opinión de la única persona que en realidad se encontraba en el frente y que pudo observar las condiciones allí.

El historiador Bevin Alexander, autor de: "Cómo Hitler pudo haber ganado la Segunda Guerra Mundial: los errores fatales que llevaron a la derrota de los nazis" evidentemente tiene una opinión valiosa sobre el tema. Alexander opina que una de las mayores oportunidades desperdiciadas para la victoria alemana se perdió al detener los Panzers fuera de Dunkerque. De acuerdo con Alexander, Rundstedt tomó la decisión lógica de detener el avance para descanso y recuperación, pero se extendió innecesariamente y esto se tradujo en la fuga de la Fuerza Expedicionaria Británica. De igual manera, la tesis de este autor asigna gran parte de la culpa a Goering, quien garantizó a Hitler algo que no podía cumplir. De hecho, Goering y la Luftwaffe tuvieron un papel determinante en el fiasco de Dunquerke. Hermann Goering aseguró a Hitler que la Luftwaffe sería capaz de aplastar cualquier intento de intervención de evacuación, por lo que el avance de Guderian no era necesario. Esto tuvo el efecto de reforzar la creencia de Hitler de que los blindados debían ser conservados para los ataques hacia el sur.

Albert Kesselring estuvo a cargo del Luftflotte a quien se le ordenó la tarea de destruir el Bolsillo de Dunkerque. Su opinión sobre la orden de detención fue que era un error, al cual responsabilizaba a Goering. Parece, sin embargo, que Kesselring no estaba familiarizado con los detalles de la cadena de acontecimientos que antecedieron la orden de cese (a Rundstedt no lo menciona). A lo anterior se debe que el Generalfeldmarschall siempre pensó que Hitler había ordenado la detención. Sin embargo, es a Goering a quien le atribuye la culpa, al garantizarle al Fuhrer que la Luftwaffe sería capaz de ganar una batalla de tierra desde el aire. Kesselring afirma que Goering no le hizo caso a sus advertencias ni a las del Jefe de Estado Mayor de la Luftwaffe (Hans Jeschonnek) de que la Luftwaffe ya estaba sobrecargada y mal preparada para tratar de hundir los barcos que transportaron a numerosos soldados.

Estos autores y otros, muestran las deficiencias evidentes en las afirmaciones hechas por oficiales que no estaban  presentes en el campo de batalla y que fueron a su vez los que tomaron las decisiones durante el período comprendido entre mayo 24-26. Es innegable que la orden de detención no estaba justificada incluso cuando se examinan los argumentos de los partidarios de la misma desde el punto de vista más favorable. Analicemos los argumentos a favor del cese en detalle.

VI. Descanso y Recuperación

El principal argumento planteado por los que apoyan las acciones de Rundstedt se reduce a afirmar que los hombres de Guderian estaban cansados y que las fuerzas Panzer habían sufrido un gran desgaste, por lo que requerían reposo y tiempo para reparar sus vehículos. Uno de los proponentes de esta teoría fue tan lejos como para afirmar que la detención después de llegar a la costa fue producto de la naturaleza teórica del Blitzkrieg. No obstante, el propio Heinz Guderian fue el oponente más ferviente del cese. Además, afirmar que los Panzers necesitaban un alto de 72 horas, por las razones mencionadas anteriormente, refleja una falta de comprensión de los principios de la guerra acorazada. Los Panzers habían sufrido en su mayoría  problemas de funcionamiento mecánico o daños de menor magnitud a causa de los ataques de la infantería. Sólo una fracción de los vehículos eran pérdidas totales. Estos vehículos ligeramente averiados podían ser fácilmente reparados en cuestión de horas. De hecho, cuando la orden de cese se dio el día 24, la fuerza de los Panzers ya había sido aumentada considerablemente, hasta casi el máximo de su fuerza, y la mayoría de las operaciones pudieron haberse llevado a cabo el día 25, incluyendo la captura del puerto de Dunkerque. En última instancia esto significa que no era necesario un descanso de más de 24 horas, y mucho menos uno de 72. Lo anterior fue violatorio de las reglas cardinales del Blitzkrieg, como Guderian había previsto correctamente.

VII. Los posibles contraataques

El otro argumento principal que se plantea a favor del cese es la amenaza planteada por el Ejército Frances por el sur, posibilidad que recibió un énfasis especial de parte de Von Rundstedt a Hitler. Si bien es cierto que, si los alemanes hubieran precipitado la destrucción del bolsillo de Dunkerque los franceses hubieran tenido el tiempo suficiente como para lanzar un contraataque con éxito, similar al de Arras, no es menos cierto que los franceses hubieran necesitado un general talentoso con la capacidad para percatarse de la oportunidad que la retaguardia alemana presentaba, de haberse empantanado los blindados en los campos de los alrededores de Dunkerque. Partiendo de la premisa de que un asalto a Dunkerque habría requerido una o posiblemente dos divisiones Panzer, el Ejército Alemán todavía habría contado con ocho o nueve divisiones en posición para responder a cualquier ataque de los franceses durante el 25 o 26. A esto se añade que una posible ofensiva francesa no sólo requería tiempo para prepararse, si no que hubiera sido evidente para los aviones de  reconocimiento de la Luftwaffe que patrullaban las zonas de concentración. Además, los franceses contaban con muy pocos tanques en el sur de Francia y simplemente habría sido cuestión de tiempo para que las divisiones de infantería francesas, deficientes en el apoyo aéreo táctico y en armas anti-tanque, fueran enfrentadas a Rommel, Reinhardt, Hoeppner o Kleist y sus Panzers.  

VIII. Las Marismas de Flandes

Los campos que rodeaban Dunkerque habían sido inundados por la lluvia de los días anteriores, convirtiéndolos en una serie de ciénagas pantanosas. Esto, a su vez, pudo tener el efecto de obligar a los Panzers de Guderian a permanecer en las calles angostas del área donde podían ser fácilmente emboscados. Este es obviamente el mejor argumento a favor de la orden de detenerse. Sin embargo, la pequeña distancia de doce millas que separa a los blindados y el puerto era fácilmente superable, en adición a que la tierra se había secado lo suficiente para el día 24 como para soportar a los vehículos a campo traviesa. Incluso, si esto no fuera el caso, el uso imaginativo de la infantería motorizada y de las unidades blindadas en coordinación era el modus operandi de Guderian, por lo que fácilmente pudieron superar cualquier unidad defensiva británica en los alrededores del pueblo, mientras que la fuerza principal aliada tendría sus manos llenas con el Grupo de Ejércitos B de Von Bock en el norte.
Evacuación de Dunkerque
IX. Goering y la participación de la Luftwaffe

La mayoría de los historiadores apuntan su dedo hacia Goering cuando se habla del responsable del escape de los aliados. Fueron sus representaciones erróneas sobre las posibilidades de evitar cualquier evacuación desde el aire las que llevaron a Hitler a error. Si Hitler hubiera permitido al menos que una de las divisiones Panzer de Guderian continuaran el ataque contra el puerto, es muy posible que éste habría caído con relativa facilidad. Debido a la falta de caminos en realidad no había necesidad de más tanques, ya que de seguro hubieran congestionado las calles de Dunkerque, situación que se observó en el verano de 1942 cuando el Cuarta Ejército Panzer de Hoth congestionó las vías que utilizaba el Sexto Ejército de Paulus en torno al Don, lo que se tradujo en la desastrosa Batalla de Stalingrado. Por su parte, Kesselring, Wolfram von Richtofen (primo del famoso Barón Rojo) y Hans Jeschonnek, quienes  que estaban al mando en diferentes niveles de toda la Luftwaffe, se opusieron vehementemente a la decisión y trataron de advertir a Goering del riesgo que su pretensión suponía para la Luftwaffe. En fin, Goering no puede escapar su culpa.

X. El fomento de una paz con Gran Bretaña

El propio Hitler expresó más tarde que él deliberadamente permitió a los británicos escapar, sabiendo que tenía el poder para destruirlos, lo que presumiblemente los ingleses sabrían también. Esta explicación por sí sola puede ser vista como una completamente absurda, o de lo contrario Hitler no habría ordenado a la Luftwaffe impedir la evacuación mediante el bombardeo de las playas y los barcos aliados. El hecho de que Goering afirmó que la Luftwaffe "no dejaría piedra sobre piedra en Dunkerque" ilustra sus intenciones con claridad suficiente. Esta es evidencia contundente para descartar la teoría y las afirmaciones sobre la paz con Inglaterra.

XI. La cualificación de Rundstedt y Hitler

A pesar de la ilustre reputación de Rundstedt, resulta ser de gran interés el hecho de que prácticamente todos los oficiales en una posición de autoridad en la Wehrmacht alemana se oponían a la orden de detención por razones obvias, con las excepciones, por supuesto, de Hitler, Goering y Rundstedt. Inclusive, Rundstedt todavía tuvo el atrevimiento de rechazar las órdenes para continuar el avance, tanto de Halder, Jefe del Estado Mayor, y de Brauchitsch, Comandante en Jefe del Ejército, escondiéndose detrás de la autoridad de Hitler. Rundstedt fue tal vez el general más conservador en el ejército alemán que ocupaba un cargo de cierta importancia y esto lo hacía no apto para el mando de una fuerza que requería del liderazgo más audaz y atrevido, y las maniobras más revolucionarias y poco ortodoxas de la guerra hasta ese momento. En el caso de Hitler, éste nunca tuvo ningún tipo de educación militar formal más allá de la formación superficial que había recibido como cabo de un regimiento bávaro de la reserva.

XII. Conclusión

Después de un estudio cuidadoso y exhaustivo del tema, sólo se puede llegar a una conclusión: La orden de detención era necesaria para que el debilitamiento del Panzerkorps de Guderian pudiera ser subsanado. Pero el cese solo debió durar entre doce y veinticuatro horas. Más allá de veinticuatro horas, la realidad es que existe poca o ninguna justificación para extender la paralización. Evidentemente, el cese de casi tres días enteros no parece tener fundamento racional alguno. Este periodo de tres días de inacción le costó a Alemania la guerra. Por su parte, los británicos fueron capaces de retirarse a Dunkerque, manteniendo un cordón defensivo en torno al puerto, y no tardaron en escapar a Inglaterra. Las teorías que pretenden justificar la orden de cese bajo la premisa de que había que preservar los tanques o fomentar una futura paz con Inglaterra sencillamente no tienen sustrato histórico en los hechos, y parecen ser pretextos popularizados después de los hechos para justificar el error de Hitler. Si a los Panzers se les hubiera permitido continuar el avance hacia Dunkerque el 24 de mayo 1940, en lugar de varios días después, los Ejércitos de Gran Bretaña habrían sido destruidos, lo que hubiera permitido a Alemania e Italia proseguir con su estrategia en el mediterráneo, viéndose privados los británicos de disponer de los ejércitos para luchar contra Rommel en África y en Grecia. Egipto habría caído, presumiblemente Malta también, y los ingleses habrían sido obligados a abandonar el Mediterráneo. Sin una base en el Mediterráneo, las Islas Británicas se pudieron haber enfrentado a la creciente amenaza de  invasión, mientras que la fuerza de su armada y fuerza aérea se habrían reducido, junto a su capacidad para hacer la guerra. Sin las tropas de la Fuerza Expedicionaria Británica en Dunkerque, la estrategia mediterránea inglesa hubiera fracasado y un regreso al continente habría sido imposible. En síntesis, de no ser por el error de Rundstedt, Goering y Hitler en Dunkerque, el resultado de la Segunda Guerra Mundial hubiera sido sin duda diferente.

Para conocer más/fuentes:

http://forum.axishistory.com/viewtopic.php?f=54&t=75431&start=0


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