King Tiger WSS

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sábado, 18 de septiembre de 2010

Operación Pastorius; El plan fallido de Hitler de atacar suelo americano

Hitler y Willy Messerschmitt
Aún antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, los estrategas nazis diseñaron una serie de planes detallados para atacar Nueva York y la Costa Este de los EU, ya fuera con súper misiles intercontinentales, pilotos suicidas kamikaze, bombarderos de largo alcance o agentes secretos. A pesar de que algunas de esas estrategias eran muy ambiciosas, afortunadamente todas fracasaron. Conozcamos las operaciones en detalle.

Al amanecer del 13 de junio de 1942, el capitán de submarino de la Kriegsmarine Hans-Heinz Lindner estaba perdiendo gradualmente la calma. Ese día, y en horas tempranas de la mañana, los primeros automóviles de ciudadanos norteamericanos comunes y corrientes ya estaban conduciendo a lo largo del río en la aldea de Amagansett, en Long Island, USA, mientras que el submarino U-202 estaba atascado en un banco de arena a menos de 200 metros de la costa. El coloso de acero gris estaba asentado en aguas poco profundas y era tan impotente como una ballena varada. En pocas horas, cualquier conductor de auto sería capaz de ver el submarino alemán que había salido del Atlántico.

Sabotadores alemanes 
Lindner, sin embargo, logró liberarse del banco de arena. Trabajando los motores a plena potencia, la tripulación del U-202 fue capaz de maniobrar el submarino al subir la marea, escapando a mar abierto. El U-202 se deslizó bajo las olas antes de que nadie lo viera. En sus entrañas, los tripulantes celebraron su proeza de última hora.

Sin embargo, el hecho de que este submarino asignado a operaciones en la Costa Este de los EU estuviera tan cerca de ser incautado y posiblemente atacado por personal militar y/o por la Guardia Costanera de los EU, fue solo el preludio de una de las más extrañas iniciativas bélicas de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. El incidente del U-202 fue la antesala de la infiltración de un grupo de saboteadores alemanes en suelo americano. El Tercer Reich había decidido golpear los Estados Unidos en su propio territorio y los estrategas alemanes planificaron ataques diseñados para intimidar a la bulliciosa metrópolis de Nueva York.
El blanco de Hitler: NY

Aunque los espías alemanes traídos a la costa enemiga por el U-202 como parte de la audaz ‘Operación Pastorius’ lograron infiltrarse en territorio americano, la ambiciosa misión resultó ser un fracaso espectacular, a pesar de los esfuerzos del ejército alemán para seleccionar y capacitar a los ocho miembros del equipo de terroristas.

Es un hecho que todos los hombres habían pasado tiempo en los Estados Unidos antes de la operación. No obstante, ninguno había tenido experiencia como integrante de un servicio de inteligencia. En abril de 1942, fueron enviados a Gut Quenzsee, una ciudad a 47 millas al oeste de Berlín, para tomar un curso intensivo de sabotaje. Durante 18 días, los expertos militares los adiestraron para utilizar explosivos, detonadores cronometrados, pistolas y granadas de mano. Para mantenerse en forma, practicaban Jiu-Jitsu. Luego, en junio, dos grupos de cuatro agentes secretos cada uno fueron infiltrados en las costas de la Florida y Long Island por el U-584 y por el U-202, respectivamente.
ME 264 Amerika Bomber 

Estos equipos de saboteadores habían sido enviados a América para hacer estallar puentes de ferrocarril, centrales eléctricas y túneles; para paralizar las instalaciones industriales vitales del esfuerzo bélico estadounidense y para desmoralizar a la población civil. Los planes y objetivos de estos 8 saboteadores eran atrevidos y audaces. No obstante, el plan resultó ser un dolor de cabeza para el alto mando alemán, ya que los agentes alemanes fueron descubiertos después de sólo dos días en territorio norteamericano, lo que motivó al FBI a lanzar su mayor cacería humana hasta esa fecha.

La responsabilidad principal del desastre de espionaje recayó en Georg John Dasch de 39 años, líder del grupo infiltrado en Long Island. De entrada, Georg estuvo cerca de ahogarse mientras trataba de llegar a tierra con una balsa inflable. Casi de inmediato, fue descubierto entre las dunas costeras del área por un miembro de la Guardia Costera de 21 años de edad, de nombre John Cullen. Ante Cullen, un empapado Dasch pretendió ser un pescador. Luego, agarró a Cullen por el cuello, lo amenazó y finalmente trató de comprar su silencio entregándole 260 dólares en la mano. A cambio, Cullen se suponía que olvidara los cuatro hombres que había visto en la playa.
Misil V-2

Por supuesto, el guardacostas no hizo nada por el estilo. De inmediato informó a sus compañeros, los cuales  desenterraron cuatro cajas de explosivos y algunos uniformes alemanes que habían sido enterrados apresuradamente en la arena mojada. El FBI fue alertado también y se inició una intensa búsqueda de los cuatro desconocidos.

Los cuatro saboteadores tomaron un tren a Nueva York, donde se registraron en un hotel. Poco después, Dasch viajó a Washington, DC, donde se entregó a las autoridades el 19 de junio. Para demostrar que era un espía, Dasch mostró a los agentes del FBI los papeles en los que había escrito sus objetivos con tinta invisible. Durante el interrogatorio al cual fue sometido, el agente de la policía lo describió como ‘neurótico’. Dasch divulgó hasta el último detalle de la ‘Operación Pastorius’ a los estadounidenses. Utilizando la información recopilada, los agentes del FBI capturaron a los tres espías refugiados en el hotel de Nueva York, así como los cuatro saboteadores alemanes que habían desembarcado en Florida.

El 8 de agosto de 1942, las cortas carreras de seis espías alemanes llegaron a su fin en la silla eléctrica de la cárcel del Distrito de Columbia. Las sentencias de los otros dos, Dasch y Ernst Peter Burger, fueron conmutadas por el Presidente Franklin D. Roosevelt a 30 años de encarcelamiento y prisión perpetua, respectivamente.
Construcción de un V-2

En Alemania, a pesar del fracaso de la misión de sabotaje, Hitler seguía obsesionado con la idea de ver a Nueva York en llamas. En su opinión, su rival poderoso en el otro lado del Atlántico tenía que ser forzado a salir de la guerra mediante varios ataques bien planificados en el frente interno. Como luego recordó el arquitecto favorito de Hitler, Albert Speer, en su ‘Diario de Spandau', el Fuhrer sentía  gran placer al ver películas en la Cancillería del Reich de los incendios de Londres, los barcos incendiados en los convoys del Atlántico y el mar de fuego que arropó a Varsovia. Es decir, Hitler estaba intoxicado con la idea de la caída de las torres de Nueva York en llamas.

Dado el entusiasmo de Hitler en atacar Nueva York, no es ninguna sorpresa que los estrategas nazis desarrollaran varios planes para esos fines, algunos de los cuales incluso surgieron antes de la guerra. En 1937, por ejemplo, durante una visita a las fábricas de la Compañía de aviones Messerschmitt en la sureña ciudad alemana de Augsburgo, a Hitler se le presentó el prototipo de un bombardero de largo alcance de cuatro motores, el Messerschmitt Me 264, diseñando para alcanzar la Costa Este de América desde Europa.

Hitler estaba encantado con la idea del ‘Bombardero Amerika’, cuya carga explosiva podría reducir a cenizas y escombros las ciudades de EU. Pero lo que no sabía el Fuhrer era que el Me 264 de Willy Messerschmitt en realidad era un prototipo que no era capaz de volar aun, cuyo propósito era ganar un lucrativo contrato con el gobierno. Por ello, nadie podía afirmar realmente cuando la aeronave estaría lista para entrar en servicio.
Diagrama de un V-2

Cuando Alemania comenzó a enfrentar seriamente la posibilidad de perder la guerra, los nazis cifraron sus esperanzas en el desarrollo de las llamadas ‘armas milagrosas’. El centro de investigación científica del ejército en Peenemünde, pueblo ubicado en la isla báltica de Usedom, era una de las más importantes facilidades para lograr materializar tales ideas. El mismo centro que había producido el primer misil V-2 en 1942 se suponía que produciría un misil mucho más poderoso denominado ‘Amerika Rocket’ durante los últimos meses de la guerra.

El cohete A-9/A-10 fue concebido y diseñado como un gigante de 25 metros de largo, aproximadamente 10 metros más largo que el V-2. De un peso de casi 100 toneladas, fue diseñado para subir a una altitud de 15 millas antes de iniciar su vuelo trasatlántico hacia los Estados Unidos. Otro grupo de investigación tenía como objetivo habilitar una cabina para que un piloto dirigiera el cohete hasta su blanco, saliendo expulsado justo antes de alcanzar su objetivo, lo que representaba prácticamente una misión suicida.
Dr. Von Braun, artífice del V-2, y Kennedy

En el ámbito teórico al menos, el ingenio destructivo de los ingenieros, científicos y técnicos alemanes no tenía límites. Ellos acariciaron la idea de equipar submarinos como plataformas flotantes que sirvieran para lanzar una versión modificada de los cohetes V-2 hacia la Costa Este de los EU. Una vez en posición, los contenedores de los V-2 iban a ser inundados de forma tal que los cohetes apuntaran hacia arriba, listos para el lanzamiento. Estos navíos hubieran sido los primeros submarinos capaces de catapultar misiles balísticos contra blancos ubicados en tierra desde el mar, adelantándose por décadas a los navíos equivalentes de los EU y la Unión Soviética.  

Desafortunadamente, no es un misterio que el desarrollo de algunas tecnologías militares nazis sólo fue posible mediante el empleo brutal del trabajo forzoso entre prisioneros. Los trabajadores murieron por millares en las instalaciones de producción y en las fábricas subterráneas secretas.
El Fuhrer observando un bombardeo

Al final, ninguno de los planes de ataque contra la Costa Este de los EU mediante la utilización de potentes y sofisticados armamentos se pudo implementar. A pesar de que en diciembre de 1941, la revista estadounidense Life publicó un bosquejo de la Gran Manzana como blanco de los aviones nazis, esta posibilidad no se materializó. De igual manera, en 1944 la misma publicación citó al alcalde de Nueva York Fiorello La Guardia, reconociendo la posibilidad de que NY fuera objeto de un ataque con misiles alemanes. Al final, ni el ‘Amerika Bomber’, ni los misiles de largo alcance aparecieron en el horizonte de Nueva York.

La realidad es que más que todo, las persistentes incursiones aliadas de bombardeo sobre las fábricas y complejos industriales alemanes retrasaron el desarrollo de la tecnología que permitiría un ataque transatlántico contra América. La escasez de materiales, la falta de tiempo y la gran cantidad de proyectos de ingeniería paralelos en etapa de desarrollo conspiraron para evitar la consumación del sueño de Hitler de ver a América en llamas.

Fuentes/Para conocer más:




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